Maranata, ven Señor Jesús
En el segundo día de nuestra preparación para los próximos días navideños orábamos y meditábamos acompañados por los cantos y las palabras del coro de nuestra parroquia, Fábrica de sueños.
Empezábamos con el canto “Maranatha”, el señor viene y nos relataban una experiencia de insolidaridad y falta de socorro y acogida hacia unas personas migrantes que ha sucedido en nuestra cercana Italia. A continuación nos recordaban las palabras del Levítico: “Como a uno de vosotros trataréis al inmigrante que habite entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque inmigrantes fuisteis en tierra de Egipto”.
Dios, como se nos muestra en el cuadro que nos ha acompañado en este tiempo de adviento, es Padre y Madre y nos espera con su paleta de colores para llenarnos de esperanza, sobre todo a aquellos que caminan desolados en busca de un destino incierto.
Cogiendo como referencia a nuestro Padre-Madre bueno, nos invitaban con su música y canto a no llamar extranjero a nadie porque haya nacido lejos o porque tenga otro nombre la tierra de donde viene, al fin y al cabo, todos somos iguales, tu trigo es como mi trigo, tu mano como la mía… Además en Dios, como nos recuerda Efesios, ya no somos extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios.
¡Y cómo no! Nos invitaban a la acogida y a la hospitalidad… Les saludaré mientras mis manos tiendan a las suyas y aguantemos sin caer… Saludaré a quienes llegan y hacen pie en esta orilla… Saludaré… “Donde tú vayas, yo iré, donde habites, habitaré”
Y sin poder olvidar lo que nos dice el evangelio por medio de Mateo, que nos llama la atención sobre nuestras obras de misericordia, dar de beber al sediento y de comer al hambriento, vestir al desnudo y acoger al forastero, visitar al enfermo y al preso, ellos nos lanzaban la siguiente pregunta: “¿Qué hacemos nosotros, como cristianos, como discípulos de un Dios de amor, ante la injusticia y la pobreza de nuestros semejantes y ante tantas y tantas muerte de todos aquellos que buscan una vida mejor? Y aquí lo dejo… Ahora nos toca abrir nuestro corazón para acoger sus palabras y plantearnos personal y comunitariamente la pregunta que nos lanzan pasándola por nuestra oración.












