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vista de San Jacinto desde la esquina mas antigua
La Iglesia de San Jacinto

La iglesia de San Jacinto de Sevilla es un templo católico que se encuentra situado en pleno barrio sevillano de Triana.

Se ubica justo en el encuentro entre las calles San Jacinto y Pagés del Corro, en línea recta con el puente de Isabel II, por donde el barrio se comunica con el centro histórico de la ciudad.

A esta iglesia se llega avanzando de frente por el Puente de Triana (de Isabel II), conocida por su planta rectangular y su cúpula de tambor. La plaza o compás que antecede al templo sirvió de fosa común durante la epidemia de peste de 1649; hecho que se señala con la cruz marmórea ubicada en la esquina de las dos calles.

Un poco de Historia

Ayer y hoy de San Jacinto

Esta iglesia se construyó en el lugar donde anteriormente estuvo la ermita de la Candelaria, perteneciente a un antiguo hospital, como consecuencia del traslado hasta aquí en el año 1679 del convento de la Orden de Predicadores que, bajo la advocación de San Jacinto, se levantó en el sitio de Cantalobos, cerca del hospital de San Lázaro.

La iglesia que entonces se construyó en este lugar se desplomó el 30 de mayo de 1730, tras unas inundaciones; por lo que hubo de levantarse otra nueva.

Las trazas de este templo se deben al arquitecto Matías José de Figeroa, el cual dirigió las obras hasta el año 1740, año en el que las abandonó; dos años después, en 1742, una de las bóbedas se vino abajo, pero las obras siguieron adelante, y en 1774 la Comunidad manifestó al Cabildo eclesiástico que ya estaban concluidas; quedando inaugurado el día 29 de enero de 1775.

La edificación del Convento de San Jacinto se llevó a cabo gracias a un acaudalado y piadoso varón residente en Sevilla a primeros del siglo XVII,
este no era otro que Baltasar Brun de Cervera, el cual tenía la intención de fundar un Colegio de Matemáticas, retórica y otras ciencias.

En dirección del antiguo Camino de San Juan, actual calle de San Jacinto, existía una ermita denominada de la Candelaria, en la confluencia con unas de las alcantarillas del foso denominada posteriormente “De la Cruz de San Jacinto”.

La Orden de Predicadores de los dominicos interesados en la edificación de este convento se puso en contacto con los hermanos de la Hermandad de la Candelaria, propietarios de la ermita, llegándose al acuerdo para su edificación.

El día doce de Febrero de 1810, las tropas de Napoleón cruzan el puente y toman Triana; ahí el convento fue exclaustrado por los franceses, utilizándose como cuartel, almacén de vituallas y establo. Una vez desaparecida la invasión napoleónica, en 1813 vuelven los frailes dominicos al convento ocupándolo nuevamente pero no en su totalidad, ya que las milicias del pueblo de Triana que habían luchado en contra de la invasión, siguieron en él hasta el año de 1820.

En 1821, se produce un conato de epidemia en el barrio, decidiendo las autoridades reparar el convento y en él se recibiesen todos los enfermos, instando a los religiosos que lo abandonasen.

En 1833 se estableció aquí una casa de curación del hospital provincial para tratar a enfermos de una epidemia de cólera, por lo que los frailes se trasladaron al convento de San Pablo.

Desaparecida la epidemia, los religiosos reclaman a las autoridades su vuelta, pero al llegar en 1835, con la Desamortización de Mendizábal, queda suprimida la orden, y el convento exclaustrado y en total abandono.

Años más tarde, se abriría nuevamente la iglesia al culto, quedando a cargo de un capellán, dependiendo de la Real Parroquia de Santa Ana y motivado por las hermandades que en él encuentran cobijo debido a la enajenación de sus bienes eclesiásticos, como fueron la de la Esperanza y la de la Estrella, más las dos allí ya existentes con anterioridad: la Hermandad del Rocío establecida desde 1815, y la del Cristo de las Aguas fundada en 1750 y copropietaria del Convento debido a su fusión con la Hermandad de la Candelaria.

En 1844 se construyó donde habían estado las dependencias del convento el teatro Guadalquivir, que fue dirigido por el antiguo actor Joaquín Calderi. Con el régimen surgido de la Revolución de 1868, entre 1868 y 1869 el convento pasó a ser propiedad municipal y se instalaron en él oficinas y una escuela de primaria, para lo cual se derribaron otras dependencias conventuales.

La Orden de los Predicadores, fundada por santo Domingo de Guzmán en 1215, empieza a reorganizarse en 1860, insistiendo nuevamente en la reclamación del convento, pero la vuelta no se produce hasta el año de 1907. Entonces construyeron un nuevo convento junto al templo.

El cardenal arzobispo José María Bueno Monreal le otorgó a esta iglesia el rango de parroquia en 1966.

A partir de esta fecha, las Hermandades allí existentes se plantean la necesidad de buscar una nueva ubicación, siendo la Hermandad del Cristo de las Aguas la primera en salir en diciembre del año de 1942, al sufrir el 29 de octubre de este mismo año un incendio, perdiéndose todas sus imágenes. En el año de 1962, una vez recuperada la Capilla de los Marineros se traslada a su antigua residencia la Esperanza de Triana. En 1976, se bendice la Casa Hermandad de la Estrella, siendo su actual residencia a muy pocos metros del convento, en plena calle de San Jacinto, y la Hermandad del Rocío se marcha a la calle Evangelista, antes de San Juan, en donde en un solar de esta calle, última residencia de los gitanos de Triana, erigen la Casa Hermandad con una preciosa capilla.

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