Hemos celebrado el día del DOMUND bajo el lema “Seréis mis testigos…” , en nuestra parroquia compartimos la Fe con una pareja que vivió, hace ya algunos años, la experiencia misional y que hoy quieren compartirla con nosotros.
NUESTRA EXPERIENCIA MISIONERA
Somos una de esas parejas con suerte que hay por el mundo; y lo fundamental es: que nos encontramos los dos con el mismo ideal, hermoso ideal de buscar amar a los otros, sin fronteras… Excelente lección que fuimos descubriendo en los Evangelios y en el testimonio de tantas personas formidables que hay por el mundo. Y ello nos llevó a pensar y decidir ir a las Misiones.
Después de una búsqueda no tan fácil, encontramos un cauce ideal (en una ONG de Laicos Misioneros) para hacer realidad nuestro sueño de ir a misiones siendo Iglesia y siendo laicos. Nuestro destino fue en Ecuador, en el Vicariato Apostólico de Puyo, encomendado a los Dominicos.
De casi todo hicimos en nuestro destino, aunque el trabajo que teníamos asignado era el de trabajar como profesores en los colegios regentados por la Misión y, el de orientar pastoralmente a las parejas que querían contraer Matrimonio. Una vez allí, fueron surgiendo más y más cosas: ¡había tanto por hacer! Surgió la idea de crear un club juvenil, la preparación de los jóvenes para el sacramento de la Confirmación, cursillos de “promoción de la mujer”, colaboración en la Escuela de Educación Especial, etc., etc.
Aunque quizás lo más positivo que hicimos, aún sin pretenderlo expresamente, fue el estar allá, el vivir con aquellas gentes, el estar-convivir con ellos. Sabemos que “de vernos” muchos jóvenes, muchas parejas, o incluso algunos vecinos del barrio, encontraron en nosotros un estilo de “vivir en pareja” bastante diferente a lo habitual entre ellos. Y nos consta que, en Puyo, aún después de los años, hay quienes nos siguen recordando.
Aunque, siendo sinceros, hemos de decir que lo principal de nuestros tres años en misiones es lo mucho que recibimos y aprendimos. Al ver de cerca las realidades del mundo (a vivir donde se dan los mayores contrastes que ponen de manifiesto lo dividido que está, por nuestros egoísmos); alconocer mejor a la Iglesia, por tener la oportunidad de acompañar y amar a uno de sus nuevos vástagos; sintiendo el amor de Dios junto a aquellos hermanos más pobres que nos enseñan a comprender mejor las bienaventuranzas (pues son ellos quienes al sentirse más necesitados de los otros, dejen crecer en sus entrañas las semillas del Reino de los Cielos; que es algo que florece cada día cuando ofrecen lo poco que tienen y esperan…).
Han pasado los años, las décadas, pero hay algo que sigue vivo en nuestros corazones: sabemos que somos habitantes del mundo y ¿cómo no amar a nuestra patria grande, estemos dónde estemos?
Reyes y José María










