El pasado 21 de enero nos reunimos medio centenar de personas para ver el documental EN EL OTRO LADO. Una invitación que ha tenido una muy buena acogida por parte de parroquianos y algunas otras personas del barrio.
Se trata de un documental que tiene un propósito informativo – pedagógico y de sensibilización, tocando de frente la fibra europea que (si mantenemos viva nuestra sensibilidad) no podía hacer otra cosa si no llegarnos a lo más profundo.
Se trata de un documental centrado en la dramática situación migrante de millones de personas que han llegado a Europa en las primeras décadas del siglo XXI, y cómo sus trágicas circunstancias se relacionan con la realidad europea del pasado siglo; cuando fue origen de ciertos conflictos bélicos verdaderamente aterradores y, también, paralelamente, epicentro de emigración desde muchas partes del mundo; también de España.
Actualmente, es evidente, nuestro continente es uno de los focos más relevantes de inmigración, y en esta situación y evolución histórica es inevitable comparar las realidades políticas y sociales de cuando tantos europeos tuvieron que estar “en el otro lado” de nuestras fronteras.
Después de ver el documental, que a todos nos ha dejado en silencio (como que a nadie le pareciera correcto aplaudir, después de habernos asomado a esa «ventana abierta» que ha sido esa casi media hora de VER esa realidad que tenemos tan delante de nuestros ojos…, pero que nos cuesta tanto trabajo observar detenidamente), para darle la palabra al profesor Carlos Escaño, quien ha dirigido esta realización audio-visual, con el fondo musical de la 5ª sinfonía del genial Beethoven e imágenes sacadas del mundo real (no producidas en un estudio de The Walt Disney Company u otro similar).
En el coloquio que se ha alargado (felizmente) durante aproximadamente 90 minutos, se nos ha hecho caer en la cuenta de que hemos de mantener viva la esperanza; que es virtud cristiana tan necesaria, también para evitar que triunfe el repetido mensaje (tan odioso) del sistema que quiere que lleguemos a pensar eso de “no se puede hacer nada” y nos lleve a “caer en la tentación” de “pasar” de todo problema que nos sea ajeno a lo que pasa fuera de nuestro hogar (más o menos acogedor) pero que deseamos mantener “bien cómodo” por encima de todo.
Es seguro, se ha dicho, que a nivel de “poderes estructurales” poco podemos hacer; que pensar “en lo macro” nos paraliza. Pero que la clave está en que, cada uno nos preguntemos: “y yo ¿qué puedo hacer?”, seguro que muy en relación de “¿qué es lo que yo sé hacer?”. No se trata de que con un solo ladrillo hagamos un puente…, pero ¿y si cada uno aporta el suyo, o su cubo de cal, arena y cemento…? Nos interesa que existan puentes. Entre otras cosas porque ¿quién nos dice que (acaso, tal vez, puede ser) algún día nos toque estar “en el otro lado”?







