En el día de la Virgen del Rosario.
¡Qué camino nos regala María, nuestra madre, con el rezo del Rosario! Los misterios gozosos nos hablan del gozo de Dios, que es que el ser humano viva, y del gozo de la mujer y del hombre que no es otro que compartir la alegría de sentirse vivo y amado y de saber que Dios sigue obrando en todo tiempo y en cada ser. Los misterios dolorosos nos invitan a sentirnos solidarios con los que sufren porque el mal y la violencia son una realidad en nuestro mundo y no podemos ser ajenos a ese dolor. Cristo sigue siendo crucificado en los crucificados de hoy y nos sigue llamando, desde su cruz, a estar al lado de las cruces de nuestro tiempo. Para eso se nos dan los misterios luminosos que nos llaman y nos invitan a comprometernos con el Reino de Dios, un Reino de paz, de justicia, de libertad; un Reino que cuida la dignidad de toda persona y de todo el planeta. Un corazón compasivo y comprometido como el de Jesús y como el de María, su madre y nuestra madre, son el mejor regalo para realizar este camino. Por último, en los misterios gloriosos se nos abre la puerta a la esperanza de que la muerte no tiene la última palabra, sino que ésta la tiene la vida. La esperanza, virtud activa que no pasiva nos llama y nos invita a seguir caminando hasta que la vida triunfe sobre la muerte, no sólo en la eternidad, sino ya en el aquí y en el ahora. Que en este caminar sintamos la compañía y la cercanía de nuestra Madre, la Virgen del Rosario.







